Editor’s Letter #7


La vida es madurar y endurecer la piel para proteger la ternura del corazón. Si sentimos lo contrario, es que nuestra mente se acerca a la psicopatía y quizás debiéramos revisar nuestro córtex orbito frontal, en busca de alguna variación disfuncional en nuestra amígdala. Y es que a medida que envejecemos la vida nos cambia. Todo aquello que durante la adolescencia tratábamos de una forma determinada, con más frialdad y superficialidad quizás, durante la etapa de madurez se trata con más cordura o, si se prefiere el termino, con más cariño. Es, de alguna manera, como si tomáramos consciencia de la situación y quisiéramos reparar, así de repente, ese gran error que cometimos en el pasado.

Hay un estudio psicológico que demuestra que aquellas personas no religiosas se vuelven religiosas en sus últimos años de vida, con la esperanza de “ir al cielo” y reencontrarse con los suyos. Incluso se han dado casos de personas que pertenecían a una religión y se han acercado a otras religiones por tener el concepto de “eternidad” o de “paraíso” implícito en su práctica. Nos acercamos a esa religión determinada, porque creemos, deseamos, que la muerte del cuerpo no sea el final de todo, el final de nuestra vida, y amparamos entonces la esperanza de qué debiera de existir algo más, algún lugar bonito con el que seguir viviendo con los nuestros.

Los momentos difíciles también nos hacen cambiar: pasar por un quirófano por primera vez para una operación difícil, vivir la muerte tras una enfermedad dura de un ser querido, un accidente con final trágico, vivir en primera persona un catástrofe natural, vivir una guerra en primera persona, o lo que podríamos considerar lo mismo: sufrir un atentado terrorista ; Son todas ellas situaciones dramáticas que nos hacen madurar de golpe, y evolucionar a nivel personal hacia un carácter más sensible y sentido, golpeados por la realidad, sentimos de golpe mayor empatía hacia nuestro entorno, y sobretodo, hacia las personas que nos rodean.

También hay estudios psicológicos que demuestran que cuando un grupo de personas presencia una injusticia social, como una agresión de una persona a otra, o un accidente en mitad de la calle, por ejemplo un accidente de tráfico, la reacción del individuo es de paralizarse, como careciendo de empatía, y normalmente la reacción suele ser más lenta que en cualquier otra situación. Finalmente reaccionamos, pero reaccionamos mucho más tarde de lo que debiéramos, el miedo social nos paraliza, el sentimiento de ridículo o el miedo a no actuar de acuerdo a las normas de nuestro grupo de pertenencia, de nuestro entorno más inmediato, provoca que nuestra reacción sea más lenta que la reacción adecuada para ese momento en cuestión, sin embargo, parece curioso como individuos con problemas psicológicos de psicopatía, son los que tienen un tiempo de reacción más rápido en dichas situaciones. Curioso como las personas aparentemente sanas procesan las emociones y el sentimiento de miedo.

Definitivamente, existe ese momento en el que nos damos cuenta de que la vida no es tan chula como nos pintan en las películas y en los anuncios de la tele, y es entonces, cuando evolucionamos como individuos hacia un cambio en nuestra personalidad que nos hace más vulnerables, pero al mismo tiempo, al fin y al cabo, más humanos.


Life is mature and hardens the skin to protect the tenderness of the heart. If we feel the opposite, is that our mind is approaching the psychopathy and perhaps we should review our orbitofrontal cortex, in search of some dysfunctional variation in our amygdala. And it is that as we get older life changes us. Everything that we tried during adolescence in a certain way, with more coldness and superficiality perhaps during the maturity stage is more sanity or, if the term is preferred, with more affection. It is, somehow, as if we took awareness of the situation and we want to repair, suddenly, the great mistake we made in the past.

There is a psychological study showing that those nonreligious people become religious in his last years of life, hoping to “go to heaven” and meet with his family. There have even been cases of people who belonged to a religion and have approached other religions have the concept of “eternity” or implicit in their practice the concept of “paradise”. We approached that particular religion because we believe, we desire, the death of the body is not the end of everything, the end of our life, and then took shelter hoping what should exist something else, somewhere nice to follow living with ours.

Difficult times also make us change: go through a surgery for the first time for a difficult operation, living death after a long illness of a loved one, an accident with a tragic ending, experience firsthand a natural catastrophe, living a war in first person, or what we might consider the same, on a smaller scale: suffer a terrorist attack; Are all dramatic situations that make us mature once, and evolve a personal level to a more fragile nature and meaning, beaten by reality, we feel suddenly more empathy toward our environment, and above all, to the people around us.

There are also psychological studies show that when a group of people presents social injustice, as an aggression from one person to another, or an accident in the middle of the street, for example, a traffic accident, the individual’s reaction is paralyzed, as lacking empathy, and usually the reaction is usually slower than in any other situation. Finally react, but react much later than we should, social fear paralyzes us, the feeling of embarrassment or fear of not acting according to the rules of our group of belonging, our environment cause our reaction is slower that the appropriate response for the time in question, however, seems curious as individuals with psychological problems like psychopathy are those who have a faster reaction time in such situations. Curious as apparently healthy people process emotions and the feeling of fear.

Definitely, there is that moment when we realize that life is not as cool as we paint in movies and in TV commercials, and then when we evolve as individuals toward a change in our personality that makes us most vulnerable, but at the same time, after all, more human touch.

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