Sinfonia 111


Descarga en español : #Sinfonia111 escrito por @redondocristina
Download in English: #Simphony111 written by @redondocristina
Scarica in Italiano: #Sinfonia111 scritto da @redondocristina

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

The mystery of human existence lies not in just staying alive,
but in finding something to live for.
— Fyodor Dostoyevsky

 

Conducir por aquella carretera en mitad de la montaña se había convertido en algo eterno. Robert deseaba llegar lo antes posible al pueblo de su familia. Había oscurecido muy rápido, la lluvia no cesaba y los truenos caían a lo lejos, iluminando el horizonte y el bosque tenebroso, a ambos lados de la carretera. Empezaba a sentirse cansado de la tensión de conducir con tormenta, y, a pesar de que sabía que nadie lo esperaba en casa, tenia ganas, muchas ganas de llegar a la  casa que seria su hogar.

Atrás dejaba el trabajo en el hospital de Barcelona, echaría de menos los locos de la planta de psiquiatría donde trabajaba desde hacía más de una década. El tiempo pasa rápidamente, y volver de nuevo a casa de los abuelos, después de trabajar intensamente durante tantos años, hacía más evidente el paso del tiempo.

Nada había sido fácil en los últimos meses:  su ruptura con su novia Claudia; sus problemas en el hospital; su exceso de petición de colaboraciones externas; sus problemas con el casero del apartamento dónde vivía… quizás demasiados problemas y demasiadas obligaciones en el último año. Robert ansiaba desaparecer durante una temporada, deseaba incluso un cambio de vida. La casa de sus abuelos, vacía e inhabitada durante años, desde la muerte de sus abuelos, era el sitio ideal, en medio de la montaña, para desaparecer y renovar energías.

Necesitaba hacer únicamente lo que él deseara en cada momento, no lo que debía hacer por educación o deber, sino lo que a él le apetecía hacer. Sin los rígidos protocolos que le atormentaban en la gran ciudad. Además se había propuesto empezar a escribir. Desde mucho antes de estudiar medicina psiquiátrica, ya soñaba con dedicarse a escribir todas esas historias que hervían en su cabeza, como en una gran olla express a punto de explotar por contener tantas ideas.

Para ello, Robert había planificado un poco su vuelta: primero quería descansar unos días, luego empezaría a escribir una de las historias de terror que atormentaba su mente. La casa de sus abuelos era ideal para ello.

A medida que Robert se acercaba al pueblo, le sorprendía no ver ninguna casa con las luces encendidas a aquellas horas de la noche. Quizás los pocos vecinos que había en el pueblo se habían ido a dormir ya, hastiados de tanta tranquilidad. Robert había hablado en los últimos días con Sebastian, su amigo de la infancia, que ahora era el alcalde del pueblo, y sabia que apenas quedaban diez casas habitadas, de las muchas casas habitadas que había cuando él era pequeño.

Ya entrando en la calle dónde se hallaba la casa de sus abuelos, Robert comprobó como todo permanecía igual a cómo lo recordaba. La misma leña en el cobertizo, a mano izquierda… junto a la cuadra donde dormía el perro de caza que tenia su abuelo… Cuántos recuerdos de infancia.

Dejó el coche bien aparcado, en el interior de la cuadra, y sin sacar el equipaje decidió dar un primer vistazo a la casa.

Robert sacó la llave, aún con el llavero que usaba su abuelo, y la metió en la cerradura, mientras se alumbraba con la linterna de su móvil sin cobertura. La llave estaba atascada y no giraba. El tiempo habría dado de si la cerradura y no permitía abrir la puerta con naturalidad, así que Robert dio un golpe fuerte a la puerta, desencajando la estructura un poco. De algo le habían servido tantas clases de boxeo al salir del trabajo, ahora era un hombre corpulento y fuerte, aunque su timidez e inseguridad, no le permitían presumir de su fortaleza física jamás.La puerta no cedía aún.Volvió a probar, ahora con más rudeza, y volvió a golpear la puerta. Entonces, sí. La casa de sus recuerdos volvía a ser real.

Usando el móvil a modo de linterna, se dirigió hacia la caja de electricidad, la puso en “Mode On” y una bombilla al final del pasillo se encendió. Aún había luz al  final del pasillo.

De camino al comedor, percibió un olor extraño en toda la casa. No era un hedor como el de las casas húmedas y cerradas, era un hedor que se asemejaba mucho al de la carne putrefacta, o incluso a sangre cocinada a fuego lento…le recordaba a aquel olor de la infancia en el  que  su abuela hacia matanzas de cerdo con las otras mujeres del pueblo.

La casa rebosaba un silencio torturador en cada habitación que Robert pisaba. Se sentía extraño, porque recordaba la casa de sus abuelos como algo más grande, pero el paso del tiempo hace empequeñecer las cosas y distorsiona la magnitud de los recuerdos.

Todo parecía en correcto estado, así que volvió al coche y empezó a descargar su equipaje: las maletas, la comida que había comprado, los libros, el portátil…Mientras sacaba el equipaje del coche, una luz de linterna apareció a lo lejos. Era un hombre, más o menos de su edad, Robert se fijó mejor, y pudo reconocer a Sebastian. El alcalde del pueblo, su amigo de la infancia, que venia a ofrecerle un poco de cena recién hecha :
– Al verte llegar, he pensado que te iría bien cenar un poco caliente. ¿Qué tal el viaje?
– Cansado de conducir pero, ahora que ya he llegado, casi que ni me acuerdo de la tormenta, pero… hay una cosa que quiero preguntarte Sebastian…¿ cómo que quedan tan pocas casas habitadas en el pueblo?
– No te engañaré, porque si te vas a quedar una larga temporada, tal y como me dijiste por teléfono, es mejor que lo sepas todo.
– ¿ Qué ocurre? ¿Sucede algo?
– Los habitantes de esas casas han desaparecido de manera misteriosa. La noche que desaparecieron, los vecinos oyeron una especie de música clásica, como una sinfonía, que venia del interior de sus casas. Más tarde, un grito, y al día siguiente…nos encontramos sus cadáveres…pero lo más extraño de todo, es que  sus cadáveres estaban consumados…como si hiciera años, quizás siglos, que yacían muertos…algunos de ellos incluso tenían flores entre los huesos…flores y hojas rojas de otoño…era repugnante, de verdad y ese olor que jamás podré olvidar… Después de eso…nadie se ha atrevido a entrar en sus casas, todas permanecen cerradas. Lo más extraño de todo, es que…esa música…en ocasiones…hay quién la oye…y, cada vez que alguien oye esa sinfonía, encontramos un nuevo cádaver. Un cádaver más en el pueblo. Un muerto más. Una casa más vacía.
– No puedes ser cierto. – respondía asombrado Robert – ¿ Y nadie ha podido averiguar nada?
– Nadie ha averiguado nada. Han venido expertos de todo el mundo. Aunque este es un caso que se lleva muy en secreto, el gobierno no quiere que se dé publicidad del tema, porque aún es un caso no resuelto.

Sin respuestas. Primero pensábamos que era un loco que se dedicaba a matar a la gente, pero, vinieron diversos expertos en asesinos en serie, y no pudimos obtener pruebas concluyentes. Más tarde incluso vinieron de la Iglesia…dijeron que quizás se podía relacionar con el Angel de la Muerte, pero, según los que vinieron del Vaticano, seria la primera vez en la historia, después de su mención en las Sagradas Escrituras que ese  Ser se hiciera presente…por lo que no es probable… así que no hay nada que podamos hacer…si oyeses la música…por favor…no te acerques…por lo que pudiera pasar.
– ¿De verdad ha sucedido todo eso? No me lo puedo creer Sebastian
– Lo sé, lo sé, es un poco irreal, pero es así…la realidad siempre supera la ficción.
– Esperemos que no suene más, entonces.
– Esperemos…esperemos.- Sebastian miró al cielo, como el que reza una plegaria, y mientras miraba al cielo esperando una respuesta se despidió de Robert – mejor que me vaya, se hace tarde. Que descanses del viaje y…Bienvenido a casa.
– Gracias Sebastian por tu visita. Nos vemos mañana. Buenas noches.

Sin darle mucha importancia a lo que le acababan de contar, Robert cenó lo que le había llevado su amigo, y se preparó para dormir en la misma cama en la que dormía de pequeño. Estiró bien las sabanas, echó las mantas viejas por encima y, una vez bien acomodado en el interior de la cama, abrió un libro de Stephen King, It, que le apetecía mucho volver a releer. Le apasionaba leer a Stephen King y aquel momento, casi ritualizado por Robert, era para él como el acto de inauguración de su nueva vida en el pueblo.

Entre el cansancio de la conducción, y el agotamiento físico que suponía el trabajo de descargar todo coche tras el trayecto, Robert cayó rápidamente en un sueño profundo, olvidándose de la historia que le había contado Sebastian, olvidándose de todo el cansancio acumulado, no solo durante el trayecto, sino también durante su ultimo año. Quizás el subconsciente le decía que todos los problemas se habían acabado ya, quizás su corazón necesitaba esa paz que sólo la distancia da y deseaba pensar que, realmente, todo lo malo ya había pasado. Robert ansiaba, sin duda, una vida mejor, lejos de problemas y malestares diarios.

Pero no seria así. A la 1:11 horas exactamente de la madrugada, un ligera música empezó a sonar en la pequeña biblioteca de la casa, justo debajo de la habitación dónde dormía Robert. Era una música sutil, leve como el aleteo de un gorrión diminuto, pero con la suficiente presencia como para que Robert se inquietara en la cama por aquel sonido. Abrió los ojos extrañado, estaba solo en la casa y aquel ruido no podía ser de ningún otro sitio que el interior de la casa. Alguien se había colado en lo que ahora era su hogar.

Robert se levantó asustado y cogió el móvil. El móvil marcaba exactamente en su pantalla las 1:11 horas de la madrugada del 1 de Noviembre.  Se abrigó con una vieja manta por encima y decidió bajar a la planta inferior. A medida que se aproximaba a las escaleras, podía sentir de nuevo el mismo olor a putrefacción que había sentido antes de irse a dormir. Era ese olor a sangre de nuevo. Bajó las escaleras, y el olor se hacía más intenso, a la vez que la música se hacía más presente. Se dejó llevar por los sentidos y llegó hasta la pequeña biblioteca. Había una única luz de lectura encendida, la del sillón orejero dónde su abuela solía sentarse a leer aquellos tomos de piel envejecidos por el paso de los años. No había nadie en la biblioteca. La luz encendida, la música clásica sonando en el tocadiscos de su abuelo. Robert no entendía nada. Se acercó a cortar la luz, necesitaba descansar y acabar con aquello. Era materialmente imposible que hubiera nadie más que él en aquella casa.

Cortó la luz, y una corriente de aire congelado lo hizo estremecer de frío. Y de repente una voz rasgada y fuerte “Te mataré”, Robert se quedó helado al oír la voz. La luz se volvió a encender. El volumen de la música se elevó repentinamente. Robert seguía sin reaccionar. No veía a nadie, pero aquel olor a sangre era irrespirable y vomitivo. El móvil se había paralizado en las 1:11 horas del 1 de Noviembre.  Como si el tiempo se hubiese detenido. Robert seguía sin reaccionar. El hedor hacia más irrespirable que nunca el ambiente.

Por fin Robert pudo moverse, y sin saber muy bien qué hacer, casi instintivamente volvió a cortar La Luz y la música.

Al instante, la música sonaba más alto que nunca y La Luz volvía a encenderse. “Te mataré” La voz volvió imperativa a sonar.

“No me vas a matar” respondió Robert contundente y sin miedo. Apagó La Luz. Apagó la música. Entonces una fuerza superior volvió a dar La Luz y a encender el tocadiscos. Al mismo tiempo, una niebla de ceniza irrumpió en la biblioteca y en el sillón apareció sentado un extraño ser sin piel, con los huesos enredados en flores muertas y hojas marrones, como si el otoño estuviera muriendo en sus huesos.

Robert se quedó inmóvil. Un miedo repentino le inundó todo el cuerpo. No sabía si aquello era producto de su imaginación por el cansancio o, al contrario, estaba pasando de verdad como le había contado Sebastian.
-¿Quién eres? – consiguió reaccionar Robert, sin saber cómo.
– No importa quién soy. Lo que importa es que tú vas a morir esta noche.
– No pienso morir esta noche – le miro desafiante Robert.- Tengo muchas cosas que hacer antes de morir.
Una gran carcajada salió de aquel ser, que seguía deleitándose con la música, sentado en el sillón. De repente, se levantó con una gran fuerza y como un vendaval se lanzó sobre Robert, asfixiándolo con ese olor a sangre, sin apenas dejarlo respirar… “Morirás” le susurró en el oído con su voz escarpada y grave.
– No pienso morir – Le respondió Robert, sin apenas poder hablar, medio ahogado por aquello.
El cuerpo extraño volvió a atacarle, esta vez lo dejaba sin respiración por el hedor de su “no cuerpo”. El extraño ser lo atacaba con su fuerza y como un vendaval se lanzaba sobre Robert, dejándolo inconsciente sobre el suelo. Entonces, como victorioso volvió a sentarse en el sillón y a deleitarse con la sinfonía que estaba sonando. La Sinfonía 111.

El móvil de Robert seguía marcando la 1:11 del 1 de Noviembre. La Sinfonía seguía sonando. Robert abrió los ojos y vio como aquel ser extraño seguía allí, mirándolo y, a la vez, deleitándose con la música. Aquella cosa volvió a atacarlo, y Robert volvió a perder el conocimiento, como si hubiera muerto.
Entonces fue cuando el ser tenebroso se dio cuenta que Robert resistía demasiado. Que no todas sus victimas habían demostrado tanta resiliencia como Robert. El ser extraño se acercó al cuerpo de Robert, y puso sus huesudas manos sin carne ni piel sobre el corazón de Robert y sintió la fuerza del amor de Robert por su propia vida. Volvió a hincar los dedos huesudos en su corazón, aún con más fuerza y profundidad, y notó el calor de la sangre de Robert, sintió la pasión con la que hervía aquella sangre y entonces comprendió que allí había mucha vida, mucha más vida de la que podía robar de un zarpazo y fue cuando airado, dolido por tanta sed de vida, por tanta ansia de sueños por realizar, aquel ser extraño se doblegó sobre si mismo y desapareció entre un mar de cenizas. La música dejó de sonar. La Luz volvió a apagarse. El hedor desaparecia.

Al día siguiente, Robert se despertó en el suelo de la biblioteca. No recordaba nada. Sólo tenia ganas de un buen desayuno y de comenzar a escribir. No necesitaba descansar, simplemente quería empezar a escribir aquella historia que latía en su mente.

Aquella historia que un año más tarde, el 1 de Noviembre a las 1:11 horas le permitiría celebrar una nueva vida junto a su chica de siempre, Claudia, y el mejor Premio Literario como Best Seller del Año.


 

Guidare lungo quella strada in mezzo alla montagna era diventato eterno. Robert voleva raggiungere il villaggio della sua famiglia il prima possibile. Si era oscurato molto rapidamente, la pioggia non si è arrestata e il tuono è caduto lontano, illuminando l’ orizzonte e la foresta oscura su entrambi i lati della strada. Cominciò a sentirsi stanco dallo stress di guidare in una tempesta, e anche se sapeva che nessuno lo aspettava a casa, voleva tornare a casa, tanto che voleva tornare a casa.

Stavo lasciando il lavoro all’ ospedale di Barcellona, gli mancavano i pazzi del reparto psichiatrico dove lavoravo da più di un decennio. Il tempo passa velocemente, e tornando a casa dei nonni, dopo tanti anni di intenso lavoro, il tempo è diventato più evidente.

Niente era stato facile negli ultimi mesi: la rottura con la fidanzata Claudia, i problemi nell’ospedale, le eccessive richieste di collaborazione esterna, i problemi con il padrone di casa nell’appartamento in cui viveva… forse troppi problemi e troppi impegni nell’ultimo anno. Robert desiderava sparire per un po’ di tempo, voleva anche un cambiamento di vita. La casa dei nonni, vuota e disabitata per anni, dalla morte dei nonni, era il luogo ideale, in mezzo alla montagna, per sparire e rinnovare le energie.

Aveva bisogno di fare solo quello che voleva fare in ogni momento, non quello che doveva fare per l’istruzione o il dovere, ma quello che voleva fare. Senza i rigidi protocolli che lo tormentarono nella grande città. Aveva anche deciso di iniziare a scrivere. Molto prima di studiare medicina psichiatrica, sognava di scrivere tutte quelle storie che gli bollivano in testa, come in un grande vaso espresso che stava per esplodere per contenere tante idee.

Per fare questo, Robert aveva pianificato un po’ il suo ritorno: prima voleva riposare per qualche giorno, poi avrebbe cominciato a scrivere una delle storie dell’orrore che ha ossessionato la sua mente. La casa dei suoi nonni era ideale per questo.

Mentre Robert si avvicinava al villaggio, fu sorpreso di non vedere case con le luci accese a quell’ora della notte. Forse i pochi vicini del villaggio erano già andati a dormire, stanchi di tanta tranquillità. Robert aveva parlato con Sebastian, il suo amico d’ infanzia, che era ora sindaco della città, negli ultimi giorni e sapeva che erano rimaste solo dieci case, tra le tante case abitate che esistevano quando era piccolo.

Entrando nella strada dove si trovava la casa dei suoi nonni, Robert vide che tutto rimaneva lo stesso come se lo ricordava. La stessa legna da ardere nel capannone, sul lato sinistro… accanto al blocco dove dormiva il cane da caccia che aveva suo nonno… Quanti ricordi d’ infanzia.

Ha lasciato l’ auto ben parcheggiata, all’ interno del blocco, e senza togliere i bagagli ha deciso di dare un primo sguardo alla casa.

Robert toglieva la chiave, anche con il portachiavi del nonno, e la metteva nella serratura, mentre si accendeva con la lanterna del suo cellulare senza segnale. La chiave era bloccata e non avrebbe girato. Se la serratura fosse stata bloccata e non avesse permesso l’ apertura naturale della porta, il tempo sarebbe stato dato, così Robert ha colpito duramente la porta, annullando un po’ la struttura. Era un uomo grande e forte, ma la sua timidezza e l’ insicurezza non gli permisero di vantarsi della sua forza fisica. Poi, sì. La casa dei suoi ricordi era di nuovo reale.

Usando il suo telefono cellulare come una torcia elettrica, si è girato verso la scatola elettrica, metterlo in “Mode On” e una lampadina alla fine del corridoio è andato avanti. C’ era ancora luce alla fine della sala.
Sulla strada per la sala da pranzo, ha notato uno strano odore in tutta la casa. Non era un puzza come l’ odore di case umide e chiuse, era un puzza che assomigliava a quello di carne marcia, o anche sangue cucinato a fuoco basso… gli ricordava quell’odore di infanzia quando sua nonna uccideva maiali con le altre donne del villaggio.

La casa era piena di un silenzio torturante in ogni stanza in cui Robert entrò. Si sentiva strano, perché ricordava la casa dei nonni come qualcosa di più grande, ma il passare del tempo rende le cose più piccole e distorce la grandezza dei ricordi.

Tutto sembrava in buone condizioni, così tornò in macchina e cominciò a scaricare i suoi bagagli: le valigie, il cibo che aveva comprato, i libri, il computer portatile… Mentre toglieva i bagagli dall’auto, una torcia elettrica lampeggiava in lontananza. Era un uomo, circa la sua età, Robert si accorse meglio, e poteva riconoscere Sebastian. Il sindaco della città, il suo amico d’ infanzia, è venuto ad offrirgli un po’ di cena appena preparata:
– Quando vi ho visto venire, ho pensato che si poteva utilizzare un po’ di cena calda. Come è stato il tuo viaggio?
– Sono stanco di guidare ma, ora che sono arrivato, quasi non ricordo nemmeno la tempesta, ma… c’ è una cosa che voglio chiederti Sebastian… come arrivare ci sono così poche case abitate nel villaggio?
– Non vi ingannerò, perché se rimarrete a lungo, come mi avete detto al telefono, è meglio che sappiate tutto.
– Cosa succede? C’ è qualcosa di sbagliato?
– Gli abitanti di queste case sono misteriosamente scomparsi. La notte scomparve, i vicini sentivano una sorta di musica classica, come una sinfonia, proveniente dall’interno delle loro case. Più tardi, un urlo, e il giorno dopo…. abbiamo trovato i loro corpi… ma la cosa più strana di tutte, è che i loro corpi sono stati consumati… come se fossero anni, forse secoli, che giacciono morti… alcuni di loro avevano anche fiori tra le ossa… fiori e foglie rosse dell’autunno… è stato ripugnante, di verità e quell’odore che non potrò mai dimenticare…”. La cosa più strana di tutte, è che… quella musica… a volte… c’è chi la sente… e ogni volta che qualcuno ascolta quella sinfonia, troviamo un nuovo corpo. Un altro cadavere in città. Un altro morto ancora. Una casa vuota.
– Non si può essere giusti. Robert rispose con stupore:”E nessuno poteva scoprire qualcosa?
– Nessuno ha scoperto nulla. Gli esperti sono venuti da tutto il mondo. Sebbene si tratti di un caso che viene trattato in segreto, il governo non vuole che la questione venga resa pubblica, perché si tratta ancora di un caso irrisolto. Nessuna risposta. All’ inizio abbiamo pensato che fosse un pazzo che si dedicava all’ uccisione di persone, ma sono venuti vari esperti in assassini seriali, e non abbiamo potuto ottenere prove concludenti.
– Tutto questo è davvero accaduto? Non posso credere a Sebastian.
– Lo so, lo so, è un po’ irreale, ma così è… la realtà supera sempre la finzione.
Speriamo che non suoni più, quindi. Sebastian guardò il cielo, come uno che prega una preghiera, e mentre guardava il cielo in attesa di una risposta, salutò Robert:
-Meglio che andassi, è in ritardo. Riposare dal viaggio e…. Benvenuti a casa.
-Grazie Sebastian per la vostra visita. Vi vedrò domani. Buona sera.

Senza pensare molto a quello che gli era stato appena detto, Robert ha pranzato su quello che il suo amico gli aveva portato, e si è preparato a dormire nello stesso letto dove dormiva da bambino. Tendeva bene le lenzuola, gettava sopra di loro le vecchie coperte e, una volta sistematosi all’ interno del letto, aprì un libro di Stefano Re, It, che volle rileggere. Era appassionato di leggere Stephen King e quel momento, quasi ritualizzati da Robert, era per lui come l’ inaugurazione della sua nuova vita nel villaggio.

Tra la stanchezza della guida e l’esaurimento fisico del lavoro di scarico di ogni auto dopo il viaggio, Robert cadde rapidamente in un sonno profondo, dimenticando la storia che Sebastian gli aveva raccontato, dimenticando tutta la fatica accumulata, non solo durante il viaggio, ma anche durante il suo ultimo anno. Forse la mente subcosciente gli disse che tutti i problemi erano finiti, forse il suo cuore aveva bisogno di quella pace che solo la distanza dà e voleva pensare che, in realtà, tutte le cose cattive erano passate. Robert era certamente impaziente di una vita migliore, lontano dai problemi quotidiani e dal disagio.

Ma non sarebbe così. Alle prime ore del mattino, esattamente alle 1:11 a.m., nella piccola biblioteca della casa, appena sotto la camera da letto di Robert, iniziava a suonare una musica leggera. Era una musica sottile, leggera come il battito di un piccolo passero, ma con una presenza sufficiente per Robert da preoccuparsi a letto di quel suono. Aprì gli occhi in modo strano, era solo in casa e quel rumore non poteva essere da nessuna parte ma dall’interno della casa. Qualcuno era entrato in quello che ora era la sua casa.

Robert si svegliò spaventato e prese il suo cellulare. Il telefono cellulare componeva esattamente alle 1:11 del mattino sul suo schermo alle 1:11 del mattino del 1° novembre. Si avvolse in una vecchia coperta e decise di scendere al piano terra. Mentre si avvicinava alle scale, poteva profumare di nuovo lo stesso puzza di putrefazione che aveva sperimentato prima di andare a dormire. Era che l’ odore di sangue di nuovo. Scendeva giù per le scale, e l’ odore diventava più intenso, mentre la musica diventava più presente. Si lasciò trasportare dai sensi e raggiunse la piccola biblioteca. C’ era una sola luce di lettura accesa, quella della cuffia in cui sua nonna sedeva e leggeva quei volumi di pelle invecchiati nel corso degli anni. Non c’era nessuno nella biblioteca. La luce accesa, musica classica che suona sui giradischi del nonno. Robert non capiva nulla. Si avvicinò per tagliare la luce, aveva bisogno di riposare e finire che. Era materialmente impossibile per chiunque, tranne lui, essere in quella casa.

Ha tagliato la luce, e un tiraggio di aria ghiacciata lo ha fatto rabbrividire con il freddo. E improvvisamente una voce forte e strappata,”Vi ucciderò”, Robert congelò quando sentì la voce. La luce è riaccesa. Il volume musicale è salito improvvisamente. Robert ancora non reagì. Non ho visto nessuno, ma quell’odore di sangue era inspirabile e vomito. Il telefono cellulare si era fermato alle 1:11 del 1 novembre. Come se il tempo si fosse fermato. Robert ancora non reagì. Il fetore ha reso l’ ambiente più che mai inspirabile.

Finalmente Robert fu in grado di muoversi, e senza sapere molto bene cosa fare, quasi istintivamente tagliò fuori The Light e la musica di nuovo.
In una sola volta, la musica suonava più forte che mai e la luce si riaccendeva. “Ti ucciderò” La voce è diventata imperativa per suonare.

“Non mi ucciderai”, rispose Robert senza paura e senza paura. Spegneva la luce. Spegneva la musica. Poi una forza superiore di nuovo ha dato la Luce e acceso il giradischi. Allo stesso tempo, una nebbia di cenere scoppiò nella biblioteca e una strana creatura senza pelle apparve seduta sul divano, ossa impigliate in fiori morti e foglie marroni, come se l’ autunno stesse morendo nelle ossa.

Robert si fermò. Improvviso paura inondato tutto il suo corpo. Non sapevo se fosse il prodotto della sua immaginazione dall’esaurimento o, al contrario, stava realmente accadendo come gli aveva detto Sebastian.
– Chi sei? – è riuscito a reagire Robert, non sapendo come.
– Non importa chi sono. Ciò che conta è che stasera morirai.
– Non muoio stasera. Ho un sacco di cose da fare prima di morire.

Da quell’essere, che continuava a deliziarsi con la musica, seduto sul divano, arrivò una grande risata. Improvvisamente, si alzò con grande forza e come una burrasca, si gettò su Robert, soffocandolo con quell’odore di sangue, respirando a malapena…”Morire” sussurrò all’ orecchio con la sua voce ripida e profonda.

Robert rispose:”Non morirò,” senza poter parlare, mezzo annegato da esso.

Il corpo estraneo lo attaccava di nuovo, questa volta lasciandolo senza fiato con il fetore del suo “no body”. Lo strano essere lo attaccava con la sua forza e, come una burrasca, si gettava contro Robert, lasciandolo incosciente a terra. Poi, come uomo vittorioso si sedette di nuovo sul divano e godendosi la sinfonia che stava suonando. Sinfonia 111.

Il telefono cellulare di Robert era ancora in 1:11 a.m.  il 1 ° novembre. La sinfonia stava ancora suonando. Robert aprì gli occhi e vide come quel strano essere era ancora lì, guardandolo e, allo stesso tempo, deliziandosi nella musica. Questa cosa lo attaccò di nuovo, e Robert perse nuovamente coscienza, come se fosse morto.

Questo è quando il buio si rese conto che Robert stava resistendo troppo a lungo. Non tutte le sue vittime hanno dimostrato la stessa resistenza di Robert. Lo straniero si avvicinò al corpo di Robert, mise le mani ossee senza carne e pelle sul cuore di Robert e sentì la forza dell’amore di Robert per la propria vita. Sentiva il calore del sangue di Robert, sentiva la passione con cui stava bollendo quel sangue, e poi capì che lì c’ era molta più vita, molto più vita di quella che poteva rubare da uno punzone ed era quando era arrabbiato, ferito da tanta sete di vita, da tanto anelito per i sogni da realizzare, da quello strano essere piegato su se stesso. La musica ha interrotto la riproduzione. La luce si spegneva di nuovo. Il fetore è scomparso.

Il giorno dopo, Robert si svegliò in biblioteca. Non ricordo nulla. Volevo solo fare una buona colazione e iniziare a scrivere. Non aveva bisogno di riposo, voleva solo iniziare a scrivere quella storia che batteva nella sua mente.

Quella storia che un anno dopo, il 1° novembre alle 1:11 del mattino, gli avrebbe permesso di celebrare una nuova vita con la sua solita ragazza, Claudia, e il miglior Premio Letterario come Best Seller de l’anno.


Driving down that road in the middle of the mountain had become eternal. Robert wanted to get to his family’s village as soon as possible. It had darkened very quickly, the rain was not ceasing and thunder fell far away, illuminating the horizon and the dark forest on both sides of the road. He began to feel tired from the stress of driving in a storm, and even though he knew no one was expecting him at home, he wanted to come home, so much so that he wanted to go home.

I was leaving work behind in the Barcelona hospital, I would miss the madmen of the psychiatry ward where I had been working for more than a decade. Time passes quickly, and returning to the grandparents’ house, after working intensively for so many years, made the passage of time more evident.

Nothing had been easy in recent months: his breakup with his girlfriend Claudia; his problems in the hospital; his excessive requests for outside collaboration; his problems with the landlord in the apartment where he lived… maybe too many problems and too many obligations in the last year. Robert longed to disappear for a while, even wanted a change of life. His grandparents’ house, empty and uninhabited for years, since the death of his grandparents, was the ideal place, in the middle of the mountain, to disappear and renew energies.He needed to do only what he wanted to do at every moment, not what he had to do for education or duty, but what he wanted to do. Without the rigid protocols that tormented him in the great city. He had also decided to start writing. Long before he studied psychiatric medicine, he dreamed of writing all those stories that boiled in his head, like in a big express pot about to explode to contain so many ideas.

To do this, Robert had planned his return a little: first, he wanted to rest for a few days, then he would begin to write one of the horror stories that haunted his mind. His grandparents’ house was ideal for it.
As Robert approached the village, he was surprised not to see any houses with lights on at that time of night. Perhaps the few neighbors in the village had already gone to sleep, fed up with such tranquility.

Robert had spoken to Sebastian, his childhood friend, who was now the town’s mayor, in the last few days and knew that there were only ten houses left, out of the many inhabited houses that existed when he was little.

As he entered the street where his grandparents’ house was, Robert saw how everything remained the same as he remembered it. The same firewood in the shed, on the left hand side… next to the block where the hunting dog that had his grandfather slept… How many childhood memories.
He left the car well parked, inside the block, and without removing the luggage decided to take a first look at the house.

Robert took out the key, even with his grandfather’s key ring, and put it in the lock, while he lit up with his cell phone’s lantern without a signal. The key was stuck and it wouldn’t turn. Time would have given if the lock had been locked and it didn’t allow the door to be opened naturally, so Robert struck the door hard, undoing the structure a bit. He was a big and strong man, but his shyness and insecurity did not allow him to brag about his physical strength. Then, yes. The house of his memories was real again.

Using his cell phone as a flashlight, he turned to the electrical box, put it in “Mode On” and a light bulb at the end of the corridor went on. There was still light at the end of the hall.

On the way to the dining room, he noticed a strange smell all over the house. It wasn’t a stench like the smell of damp, closed houses, it was a stench that resembled that of rotten meat or even blood cooked over a low flame… it reminded him of that smell of childhood when his grandmother used to kill pigs with the other women in the village.

The house was brimming with a torturing silence in every room Robert stepped into. He felt strange because he remembered his grandparents’ house as something bigger, but the passage of time makes things smaller and distorts the magnitude of memories.

Everything seemed in good condition, so he returned to the car and began to unload his luggage: the suitcases, the food he had bought, the books, the laptop… As he was taking his luggage out of the car, a flashlight flashed in the distance. He was a man, about his age, Robert noticed better, and he could recognize Sebastian. The mayor of the town, his childhood friend, who came to offer him a little freshly made dinner:
– When I saw you coming, I thought you could use a little hot dinner. How was your trip?
– I’m tired of driving but, now that I’ve arrived, I almost don’t even remember the storm, but… there’s one thing I want to ask you Sebastian… how come there are so few houses inhabited in the village?
– I will not deceive you, because if you are going to stay a long time, as you told me on the phone, it is better that you know everything.
– What’s going on? Is something wrong?

– The inhabitants of these houses have mysteriously disappeared. The night they disappeared, the neighbors heard a sort of classical music, like a symphony, coming from inside their homes. Later, a scream, and the next day… we found their corpses… but the strangest thing of all, is that their corpses were consummated… as if they were years, perhaps centuries, that lay dead… some of them even had flowers among the bones… flowers and red leaves of autumn… it was repugnant, of truth and that smell that I will never be able to forget… After.. The strangest thing of all, is that… that music… sometimes… there are those who hear it… and every time someone hears that symphony, we find a new body. One – more corpse in town. One more dead. An empty house.
– You can’t be right. Robert replied in astonishment,”And no one could find out anything?
– Nobody found out anything. Experts have come from all over the world. Although this is a case that is being handled in secret, the government does not want the issue to be publicized, because it is still an unresolved case. No answers. At first we thought he was a madman who was dedicated to killing people, but, various experts in serial killers came, and we couldn’t get conclusive evidence.
– Has all this really happened? I can’t believe Sebastian.
– I know, I know, it’s a little unreal, but that’s how it is… reality always surpasses fiction.
– Let’s hope it doesn’t sound anymore, then.

Sebastian looked up at the sky, like one who prays a prayer, and as he looked up at the sky waiting for an answer he said goodbye to Robert :

– I’d better go, it’s getting late. Rest from the journey and… Welcome home.
– Thank you Sebastian for your visit. I’ll see you tomorrow. Good evening.

Without giving much thought to what he had just been told, Robert dined on what his friend had brought him, and prepared to sleep in the same bed where he slept as a child. He stretched the sheets well, threw the old blankets over them and, once he had settled in the inside of the bed, opened a book by Stephen King, It, which he very much wanted to reread again. He was passionate about reading Stephen King and that moment, almost ritualized by Robert, was for him like the inauguration of his new life in the village.
Between the fatigue of driving, and the physical exhaustion involved in the work of unloading every car after the journey, Robert quickly fell into a deep sleep, forgetting the story Sebastian had told him, forgetting all the fatigue accumulated, not only during the journey but also during his last year. Perhaps the subconscious mind told him that all problems were over, perhaps his heart needed that peace that only distance gives and he wanted to think that, really, all bad things had passed. Robert was certainly looking forward to a better life, far from daily problems and discomfort.

But it wouldn’t be like that. At exactly 1:11 a. m. in the early morning hours, a light music began to sound in the small library of the house, just below Robert’s sleeping room. It was subtle music, light as the fluttering of a tiny sparrow, but with enough presence for Robert to worry in bed about that sound. He opened his eyes in a strange way, he was alone in the house and that noise could not be from anywhere but the inside of the house. Someone had snuck into what was now his home.

Robert woke up scared and picked up his cell phone. The mobile phone was exactly at 1:11 a. m. on its screen, at 1:11 a. m. on November 1st. She wrapped herself in an old blanket and decided to go down to the ground floor. As he approached the stairs, he could smell again the same stench of putrefaction that he had experienced before going to sleep. It was that smell of blood again. He went down the stairs, and the smell became more intense, while the music became more present. He let himself be carried away by the senses and reached the small library. There was a single reading light on, that of the ear-chair where her grandmother used to sit and read those skin volumes aged over the years. There was no one in the library. The light on, classical music playing on his grandfather’s turntables. Robert didn’t understand anything. He came up to cut the light, needed to rest and finish that. It was materially impossible for anyone but him to be in that house.

He cut the light, and a draught of frozen air made him shiver with cold. And suddenly a ripped and loud voice,”I’ll kill you,” Robert froze when he heard the voice. The light went on again. The music volume suddenly went up. Robert still didn’t react. I didn’t see anyone, but that smell of blood was unbreathable and vomiting. The cell phone had stopped at 1:11 a. m. on November 1. As if time had stopped. Robert still didn’t react. The stench made the environment more unbreathable than ever.
At last Robert was able to move, and without knowing very well what to do, he almost instinctively cut off The Light and the music again.

At once, the music was playing louder than ever and The Light turned on again. “I’ll kill you.” The voice became imperative to sound.

“You’re not going to kill me,” Robert replied bluntly and without fear. He turned off the light. He turned off the music. Then a higher force again gave the Light and turned on the record player. At the same time, an ash mist burst into the library and a strange, skinless creature appeared sitting on the couch, bones entangled in dead flowers and brown leaves as if autumn were dying in his bones.

Robert stood still. Sudden fear flooded his whole body. I didn’t know if it was the product of his imagination from exhaustion or, on the contrary, it was really happening as Sebastian had told him.
-Who are you? he managed to react Robert, not knowing how.
– It doesn’t matter who I am. What matters is that you’re gonna die tonight.
– I’m not going to die tonight. I’ve got a lot of things to do before I die.

A great laughter came from that being, who continued to delight himself with the music, sitting on the couch. Suddenly, he rose up with great force and like a gale, he threw himself on Robert, suffocating him with that smell of blood, barely breathing…”Die” whispered in his ear with his steep and deep voice.

Robert replied,”I’m not going to die,” without being able to speak, half drowned by it.

The foreign body attacked him again, this time leaving him breathless with the stench of his “no body”.

The strange being attacked him with his strength and, like a gale, threw itself at Robert, leaving him unconscious on the ground. Then, as a victorious man, he sat back on the couch again and enjoyed the symphony that was playing. Symphony 111.

Robert’s cell phone was still on 1:11 a.m. on November 1st. The symphony was still playing. Robert opened his eyes and saw how that strange being was still there, looking at him and, at the same time, delighting in music. That thing attacked him again, and Robert lost consciousness again as if he had died.

That’s when the dark being realized that Robert was holding out too long. That not all of his victims had shown as much resilience as Robert. The stranger approached Robert’s body, put his bony hands without flesh and skin on Robert’s heart and felt the strength of Robert’s love for his own life. He felt the warmth of Robert’s blood, felt the passion with which he was boiling that blood, and then he understood that there was much more life there, much more life than he could steal from a punch and it was when he was angry, hurt by so much thirst for life, by so much yearning for dreams to be realised, that strange being bent over himself. The music stopped playing. The light went out again. The stench is gone.

The next day, Robert woke up on the library floor. I didn’t remember anything. I just wanted to have a good breakfast and start writing. He didn’t need rest, he just wanted to start writing that story that was beating in his mind.

That story that a year later, on November 1st at 1:11 a. m. would allow him to celebrate a new life with his usual girl, Claudia, and the best Literary Award as Best Seller of the Year.

Anuncios

Comparte tu opinión sobre este tema

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s