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Europa ante el reto migratorio

Estos días he visto una película basada en hechos reales llamada «The Butler» (2013) (El mayordomo) que cuenta la historia de un padre de familia que tiene que trasladarse con su familia hasta Washington, con la intención de poder ofrecer una mejor vida a su familia. El padre de familia comienza a trabajar como mayordomo en la Casa Blanca y todo les va mejor, porque él llega a ser un mayordomo muy respetado y querido para los siete Presidentes que sirve durante su largo y estable periodo de trabajo, hasta que se jubila. Hasta aquí el hecho de irse de una ciudad a otra para tener mejores oportunidades laborales es algo que se ha dado en muchas familias cercanas. Pero si a esto le añadimos que el padre de familia de la que hablamos es de raza negra, y que, no sólo trata de ofrecer una vida a sus hijos con más oportunidades académicas y laborales sino que además los quiere alejar y proteger de los problemas raciales que vivían en su lugar de origen, la situación ya cambia porque la historia tal vez es diferente de la que, quizás pudiera vivir, alguna vez, alguno de nuestros familiares. También debemos tener en cuenta que la película narra los hechos que se vivieron en Estados Unidos entre los años 50-60 hasta los inicios de los 70, con la reivindicaciones de la clase trabajadora de raza negra que reclamaban los mismos derechos e igualdades que las personas de raza blanca. Una igualdad que finalmente lograron, hablamos de 50 años atrás y en una sociedad tan clasista y tradicional como lo era la americana en aquella época.
Lo curioso es que mirando esta película que habla de los años 50 en Norteamérica, me doy cuenta que eso mismo nos está pasando en Europa ahora, 50 años más tarde.
Aunque ya nos pasó dentro de España y en algunas zonas de Europa durante el franquismo, que muchas familias inmigraban de un sitio a otro en vías de más oportunidades laborales y económicas, pero siempre se encontraban con personas de la misma religión o raza.
En cambio, desde hace una década atrás, más o menos, y con los problemas bélicos de otras zonas, Europa se ve con la responsabilidad social de integrar y acoger una serie de movimientos migratorios provenientes sobre todo de zonas conflictivas de origen árabe .
Creo que el problema no es la integración de estas personas recién llegadas con ganas y deseos de rehacer su vida en una tierra que les puede ofrecer oportunidades diversas de mejora o, como mínimo, de supervivencia, ya que, aunque la avalancha de personas en peligro de exclusión socia se masiva, si se trabaja con bastante esfuerzo y ganas desde las administraciones públicas para llevar a cabo estos planes de integración se puede conseguir un buen trabajo, tal y como está sucediendo en algunas poblaciones europeas.
El problema es cuando desde los mismos gobiernos que se les debería ayudar, aunque sea únicamente con un recibimiento hospitalario se les niega totalmente la entrada en el país. Esto es lo que ha pasado por ejemplo en Italia, que el Sr. Salvini, Ministro de Interior de la República Italiana y Vicepresidente del gobierno italiano, ha tomado una postura de rechazo hacia una situación clara necesidad de aplicación de los derechos humanos a personas que necesitan de ayuda de sociedades que estamos en situación mejores de las que provienen, y que, al fin y al cabo son personas como nosotros, pero por el hecho que sea, están sufriendo problemas graves a nivel personal por las consecuencias de las gestiones de sus sociedades y de sus gobiernos. Me ha reclamado muchísimo la atención el nivel de rechazo de este señor que, no tuvo suficiente en negar la ayuda humanitaria y incautar los barcos de dos ONG de rescate, Proactiva Open Arms y Jugend Rette este verano pasado, sino que incluso, estos últimos días ha decretado a Domenico Lucano, alcalde de Riace (Calabria), un arresto domiciliario por facilitar la acogida de inmigrantes y solicitantes de asilo político en su pequeña población del Sur de Italia. Recordemos que Italia, y, más en concreto, la Italia del Sur del dónde también es originario el señor Salvini, ha sido siempre, sobre todo a partir de los años 50-60 hasta ahora, una tierra de personas que han tenido la necesidad de inmigrar con la finalidad de encontrar nuevas oportunidades laborales y de vida.
Italia bien podría ser una zona muy similar en España, a pesar de las pequeñas diferencias culturales entre países. El mismo Sur de Italia del que hablo es una tierra muy similar a Andalucía: una tierra llena de zonas de cultivo y que están siendo cultivadas ahora mismo por trabajadores inmigrantes de países africanos, tal y como sucede aquí en España, donde los inmigrantes suelen realizar trabajos peor pagados o normalmente rechazadas por el habitante local por su dureza, por ejemplo, el sector agrario es un sector donde esta masa migratoria suele trabajar, en la recogida del tomate, la fresa …
Mi reflexión no se quiere centrar en el caso italiano únicamente, sino también en torno a lo que está pasando en Europa. ¿Estamos en la misma situación que lo estaba Norteamérica hace 50 años atrás con respecto a la integración de razas sociales?
Quizás, deberíamos replantear muchas cosas, tanto con la acogida de personas que provienen de países aún en recuperación de conflictos, como las personas que provienen de las zonas de las Guerras Yugoslavas de los años 90, del este de Ucrania desde el 2014, o provenientes de los más conocidos conflictos bélicos de extremo oriente como Irak, Líbano, Libia, Egipto, Nigeria, o aquellos que desgraciadamente todavía están en guerra como Siria, Yemen, Afganistán
Creo que deberíamos aprender de memoria la Declaración Universal de los Derechos Humanos, desde muy pequeños, y comprender bien algunos artículos, tal y como el artículo 13.1: «Toda persona tiene derecho a circular libremente ya elegir su residencia en el territorio de un Estado. «o el 14.1” En caso de persecución, toda persona tiene derecho a buscar asilo, ya disfrutar de él. «.
Quizás nos hemos de replantear, que no todos los inmigrantes son malas personas ni terroristas con ganas de Jihad, creo que deberíamos recordar que todos somos inmigrantes en un momento u otro de nuestra vida, todos nos hemos tenido que desplazarse en algún momento a otro país a trabajar o tenemos un hijo, un padre, una pareja o nosotros mismos que nos hemos tenido que alejar de nuestros orígenes para poder disponer de mejores oportunidades de vida o simplemente porque queremos emprender una nueva vida en otro país diferente al nuestro. Debemos entender que el mundo es cada vez más global, y por tanto con más interacción y confluencia de lenguas, países de procedencia y culturas, y que quizás ya no son necesarias las fronteras como antes, y tal y como ya se hizo en Norte -América hace 50 años, nos deberíamos replantear muchas realidades de nuestra sociedad a nivel europeo y trabajarlas para hacerlas nuestras, propias, y considerarlas, como un enriquecimiento más de la cultura propia más que una amenaza.

* Articulo publicado en la Columna de Cristina Redondo: Il dolce far niente,  sección Tribuna del Diari de Sant Quirze  el 04/10/2018

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