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Mente psicopata

“Hell is empty and all the devils are here”
William Shakespeare

 

Thriller. Novela Negra. Terror. Psycothriller. No me importa. Todos ellos están en mi lista de favoritos. Hannibal Lecter tiene mucha culpa, el personaje literario basado en el asesino en serie británico Robert Maudsley, el auténtico “Hannibal el Caníbal”, recientemente he leído que sigue recluso en una cárcel en Inglaterra, con las medidas de seguridad oportunas, por supuesto. A nivel literario, Stephen King también hizo de las suyas, gran Master del Terror, no es necesario decirlo.
Realmente la mente humana es apasionante. El hecho de que las aleaciones químicas de nuestro cerebro, provoquen que nuestras neuronas se alien de una forma u otra, y que todo ello nos lleve a tener un comportamiento u otro que, luego, configurará nuestra personalidad, es realmente algo que no deja de apasionar.
No sólo por lo constante de nuestras sinapsis, sino por cómo esas relaciones interneuronales se producen, cómo nuestro cerebro se mueve y produce una reacción u otra en el individuo, y cómo en cada individuo reacciona de una manera distinta.
La mente del psicopata decide a quién matar y a quién no, y, finalmente, pueden existir muchas razones para matar: por diversión, por excitación sexual, por vanidad, por poder, por depresión, etc. Muchas. Todas ellas están en nuestro cerebro y en cómo las diferentes sustancias químicas de nuestro cerebro interactúan entre ellas. En concreto en el cortex prefrontal y el cortex parietal posterior, donde se ubica la experiencia objetiva de la denominada “empatía fría”, el razonamiento y el pensamiento racional y, en contraposición con la zona del cerebro dónde se ubica la amígdala, y dónde reside la “empatía caliente”, o las emociones.
Escribir sobre psicopatías, sin padecer la psicopatología en si, resulta un reto apasionante. Como aficionada a la psicología, disfruto descubriendo la mente humana y, como escritora, disfruto escribiendo sobre asesinos que obtienen placer a través de matar. Y no, no soy ninguna asesina en potencia. Simplemente, disfruto narrándolo. Tanto como mis asesinos disfrutan matando.
En el fondo, creo que estamos rodeados de mentes psicópatas, quizás influenciada por las Teorías de Robert Hare, Doctor en Psicología e investigador de renombre en el campo de la Psicología Criminal, pero en parte también por lo que observo a diario en la sociedad. La diferencia entre el psicópata y el no psicópata es la compasión en el momento decisivo que se debe tomar una decisión, por ejemplo : matar o no matar, esa compasión que es producto de la empatía con la víctima que sufre el momento, tienes esa emoción o no la tienes. Puede que sientas compasión o que no la sientas, que tengas el grado necesario de empatía o que tu cerebro carezca de los contenidos químicos que forman la empatía.Quién no sufre empatía, no tiene compasión, y, en consecuencia, podría matar sin ningún tipo de remordimiento.Por supuesto, influye más factores en la mente psicopata, pero no los descubriremos aquí.
Tomar decisiones sin compasión y sin empatía, nos emplaza siempre a una gran responsabilidad. Esos momentos en los que hay que tomar decisiones de riesgo, donde, en ocasiones se valora positivamente tener la sangre fría y es mejor carecer de empatía y de compasión por el prójimo. En dichas situaciones, si no hay compasión, si no hay empatía, evita más el riesgo y en consecuencia muchos daños de los llamados “colaterales”.
Sin embargo, decía que estamos rodeados de psicópatas, porque para ser un psicópata no siempre es necesario matar, hay muchas formas de ser un psicópata sin tener que sentir la necesidad de matar. El grado elevado de autoexigencia a todos los niveles de la sociedad actual, y el ritmo competitivo del día a día, nos hace que todos estemos dispuestos a no tener compasión por algo o alguien en un momento determinado, todos somos capaces de actuar fríamente cuando el momento nos lo requiere, en menor o en mayor grado, y ahí es cuando nuestro psicópata interior despierta y actúa.
Aunque los escritores de novela negra bromeemos, siendo socialmente incorrectos, con lo mucho que disfrutamos “matando dulcemente”, y es que, al fin y al cabo, lo hacemos por placer literario, que no hace daño a nadie, al contrario, ofrece un rato de diversión a nuestros lectores. Lo complicado del caso, son aquellos psicópatas silenciosos, que actúan disfrazados por sus responsabilidades diarias, y actúan a diestro y siniestro, sin ser identificados como tales, pero, sin embargo, obtienen placer provocando un dolor, generalmente un dolor del tipo silenciosos: el psicológico,y que por diversos factores como el miedo, tienden a protegerse por sus mismas víctimas. Y es que , como decía John Milton “La mente es un lugar propio, y en si misma puede ser un cielo en el infierno, o un infierno en el cielo”.

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