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Golpeada

Altas horas de la noche. El silencio es absoluto, apenas alguna moto en la calle, algún coche perdido. De repente, se oyen gritos. No importa el idioma, podría ser el propio, o el ajeno, lo que remueve la paz son los gritos. Son los gritos de una mujer que se pelea con un hombre. Le grita llena de odio, él la golpea con toda la fuerza del mundo. Ella cae al suelo y sigue gritando, parece pedir ayuda, pero nadie acude a ayudarla.
Por una parte está sola, por otra parte la gente de su entorno teme represalias de su agresor si la ayuda. Ella se siente sola, está enamorada de él, no puede evitarlo porque su marido es amable y encantador cuando quiere, pero cuando no quiere,  cuando las cosas van mal, la culpa a ella de todo aquello que no salía como esperaba. Sin embargo, ella siente dependencia de él. Una dependencia emocional que él ha empeorado con el carácter manipulador y violento de él. Por una parte aún lo quiere, y no quiere irse de su lado; por otro lado , ella tiene miedo a que la siga hasta donde esté, en su huída, y la represalia sea aún peor.
Ella no sabe que él no tendría compasión por ella, porque el maltratador tiene rasgos psicóticos y no tiene compasión ni empatía por su mujer, es un ser destructivo por naturaleza.
Ella tampoco tiene suficiente dinero, ni tampoco gana el suficiente dinero para subsistir sola, quizás este en el paro buscando un empleo mínimamente digno, con cuyo sueldo se pueda pagar un alquiler, y comida para ella y su hijo, los libros del colegio, la comida…subsistir al fin y al cabo, no pide más que eso. Ella sólo quiere un futuro y el amor de un padre para su hijo. Ella sólo quiere Paz. Sufre y tiene miedo de maltratos a su hijo por parte de su progenitor. Ese dolor es más temeroso si el hijo es una niña.
Su marido es un ser controlador, que quiere saber cada uno de sus movimientos, ella no es libre para entrar o salir de su casa, tiene miedo y duda hasta de sus pequeñas decisiones, qué tardará si sale o siquiera la ropa que se pondrá. Ella ya no puede más, tiene depresión, pero ella no lo sabe, se siente desanimada, triste, tiene trastornos digestivos, migrañas, ansiedad, llora sin saber por qué…y él sigue ahí, despreciándola, haciendo uso de su poder sobre ella. Abusando de ella.
Ella ha pedido ayuda, a alguna amiga suya, tiene miedo de hablar con alguien y que ese alguien le falle y se lo cuente a él. Es una amiga en la que ha encontrado refugio tras muchas plegarias. Pero su amiga no se quiere involucrar, ambos maridos son conocidos del barrio, y no quiere tampoco sufrir problemas en su casa por acoger a otra amiga, a otra mujer con problemas. Piensa que todos tenemos problemas, que cada mástil aguanté su vela, que ella también tiene problemas pero se aguanta y no acude pidiendo a nadie ayuda.
Mientras, los vecinos observan, entran y salen de sus casas. Intentan no hablar mucho con esa vecina que pide ayuda por las noches, cada uno sigue con su vida, como si nada. Nadie quiere problemas, nadie quiere solventar los problemas de nadie, por que, al fin y al cabo, ellos se tienen que levantar mañana casi al amanecer para ir a trabajar, mientras ven que el marido de ella sigue en casa, no va a trabajar, pero ella se va un poco más tarde, sigue limpiando casas por horas.
Pasados unos días, los silencios son virginales. Nadie los viola ya. Ya no vive nadie en el piso del alquiler de donde salían los gritos de aquella mujer desesperada. El vecindario vuelve a su normalidad, y pasado unos días, ya nadie se acuerda. El dolor social se ha ahogado en el olvido.
Según datos del Consejo General del Poder Judicial más de treinta y tres mil mujeres aparecen como víctimas de violencia de género en el conjunto de las 36.319 denuncias presentadas en los órganos judiciales. Este dato supone un incremento porcentual del 8.8 por ciento en la variación internanual. Casi un 70% de las denuncias fueron presentadas por la propia víctima, directamente en el juzgado o a través de los atestados policiales.
Días más tarde en el telediario, sale una noticia más como la hubo días anteriores: el cádaver de mujer ha sido encontrado sin vida en un descampado no muy lejano a la ciudad. El forense determina la causa de la muerte : el corazón de la víctima ha sido alcanzado por un arma blanca desde la espalda, por las características de la herida, le ha golpeado con brutal fuerza y es una persona un poco más alta que ella. La muerte ha sido lenta, dolorosa, la herida: mortal. El asesino iba tras ella, y por la posición del cuerpo, ella parecía querer huir de su agresor. Jamás lo consiguió.

 

* Articulo publicado en la Columna de Cristina Redondo: Il dolce far niente,  sección Tribuna del Diari de Sant Quirze  el 11/11/2016

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