La sala de espera
Esta semana pensaba en cómo me gusta escuchar a Nick Cave.
Escucho mucha música cada día, pero siempre, la que más elijo volver a escuchar es la de Nick Cave.
Estos días la canción que más “necesito” sentir es The Mercy Seat, y no le encuentro ninguna razón lógica salvo que sea porque me siento inmersa en un momento brutal de final de etapa.
Y sentirse así es como estar en una gran sala de espera, en una inmensa sala de espera. Una única sala de espera vacía donde solo siento que estoy yo. En plena soledad en esta oscuridad, esperando que alguien entre y me dé respuesta.
Alguien que me dé todas las respuestas que espero recibir pronto.
Y pienso que estar aquí, en esta inmensa oscuridad, no es nada justo después de todo el recorrido hecho.
El cansancio por el sacrificio realizado es extremadamente demoledor, destructivo, aniquilante, y la herida de quien no logra recuperarse brota en silencio, escondida a los ojos del resto.
Con el tiempo he aprendido que la justicia es lenta y tiene una belleza extraordinariamente poética.
Y que este sacrificio implícito para sobrevivir en esta oscuridad, en esta quietud de la soledad, forma parte también del movimiento que representa el tiempo de espera.
Sobrevivir a la oscuridad, sobrevivir a la soledad, sobrevivir al silencio, sobrevivir a la espera.
Sobrevivir es ignorar al que no ve, no siente, no entiende.
Sobrevivir es seguir escribiendo.
Sobrevivir es ganarse un sitio.
Sobrevivir es esperar respuesta.
Sobrevivir es todo eso y es también escuchar a Nick.
Y continuar en movimiento dentro de esta sala de espera, mientras dure este sacrificio.
Y seguir picando piedra, una piedra que sabemos que nunca se acaba de picar.
Y sabemos que hay muchas maneras de picar piedra, y mi manera no siempre ha sido la más sana, la más justa, la más lógica, la más envidiada.
Y esperar que alguien llame a la puerta, a los cristales de la ventana, al teléfono, al email y diga… mira, ven, está aquí.
La respuesta está aquí, y es esta. Adelante. Ya has llegado.
Y sí, es un primer paso para seguir picando piedra, para seguir sobreviviendo, es aquí, en este lugar, en esta otra sala de espera donde hay más luz y ya no estás sola, porque aquí te esperamos a ti y somos muchos más los que esperamos aquí.
Ya no estás sola y tienes, al menos, una respuesta.
Sobrevivir, The Mercy Seat, y este picar piedra en esta sala de espera inmensa, oscura, eterna.
Os recomiendo escuchar a Nick Cave, The Mercy Seat, que ya interpretó Johnny Cash, pero yo necesito escuchar más aquella versión acústica de Nick Cave en B-Sides & Rarities, como un extraño guiño irónico de la vida… y sí, escuchadla en la noche más oscura y solitaria de vuestra etapa.