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Fashion Blogger

Sus zapatos eran negros y planos, con un botón rojo. Cómodos, pero sin embargo de plástico. No eran de la calidad adecuada. Decía no saber de moda, y se quedaba maravillada con todo aquello que la otra chica le contaba.
Rápidamente se dio cuenta. Nunca podría saber tanto de moda como la otra chica. No podía competir con ella.

A pesar de las coincidencias entre ellas, no tenían nada que ver la una con la otra. Al menos aparentemente. Ni siquiera se conocían, ni siquiera formaban parte del mismo círculo social.

A una le gustaba la moda, a la otra también. Hablaron de tallas y de zapatos. Coincidían en gustos. Les gustaban los mismos tipos de zapatos.
Sin embargo, una conocía casi todas las marcas de zapatos del mercado. En cambio, la otra, repetía todas las marcas que la otra le nombraba. Los repetía con dificultad, como si aquellas marcas fuera la cosa más extraña que había escuchado en toda su vida. También los repetía con atención, memorizando cada palabra. No quería olvidar nada de lo que la otra chica le decía. Como si en ello le fuera la vida, y con ello, una nueva oportunidad de vida.

También hablaron de instagrammers, de fashion bloggers internacionales, y de los complementos que estas lucían en sus redes sociales. De estampados militares y animal print. De los horteras que eran, pero de lo mucho que les gustaban a ambas.

Y entonces, se quedaron con ganas de seguir hablando, pero el tiempo apremiaba. Aquella era una conversación casual, como de ascensor, pero sin encontrarse en ese incomodo espacio, tan de paso.

La chica que sabía más de moda tomó la iniciativa de la despedida. Le supo mal. Se hubiera quedado horas y horas hablando con la otra chica. Compartiendo moda con ella. Al marchar, le prometió seguir la conversación, en algún momento determinado de sus vidas. Unas vidas totalmente desvinculadas entre ellas.

A última hora de la noche. La chica que sabía mucho de moda se dio cuenta de todo. Había conocido aquella chica y, sin querer, se había comparado con ella. Cuanto tenían en común, y cuanta diferencia existía entre la una y la otra. De repente, se sintió orgullosa de saber tanto de moda.

Mientras sorbía su café en una taza de café vintage, miraba su reloj inteligente. Las ultimas notificaciones de sus redes sociales no paraba de iluminar la pantalla del reloj. Estaba acostumbrada a la avalancha de likes y shares. Era la hora punta de máxima audiencia.

Encendió su Tablet, y decidió colgar un post más sobre moda. Tenía la foto preparada, de la última sesión de fotos, que su amiga, Brand Ambassador de una conocida marca de fotografía, le había hecho. Un amigo suyo, premiado como Diseñador Emergente del Año, les había dejado la ropa para la sesión de fotos. Las fotos eran ideales, no las tuvo ni retocar con VSCO.

Se sentía feliz. Su pasión por la moda la había llevado a tener un web que miles de personas del sector visitaban cada día. Sin quererlo, se había convertido en una influencer de referencia. Pero eso, más allá de las redes de internet…nadie lo sabía.

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